Acompáñanos en esta guía completa de viaje a Copenhague en 4 días con niños: canales llenos de color, barrios con carácter, historia vikinga en Roskilde, una escapada a Malmö y Lund cruzando el Øresund (el estrecho que separa Dinamarca de Suecia) y hasta un partido de fútbol danés. Una ruta pensada para que toda la familia disfrute por igual.
Copenhague tiene uno de los sistemas de transporte público más eficientes de Europa, lo que hace que moverse sea sencillo y rápido desde el minuto uno, incluida la llegada desde el aeropuerto. Nosotros dimos por buena la combinación metro + caminar + bicicleta y no necesitamos coger un solo taxi en los cuatro días.
El Aeropuerto de Copenhague (Kastrup, CPH) está a tan solo 13 minutos del centro en metro. La línea M2 conecta directamente las terminales con estaciones clave como Kongens Nytorv, con frecuencias de entre 4 y 6 minutos durante todo el día.
El billete cuesta alrededor de 36 DKK (unos 5 €) y se compra en las máquinas de la propia estación. La opción más rápida, barata y cómoda para llegar al centro nada más aterrizar.
El taxi existe, pero en Copenhague es caro: entre 250 y 350 DKK (35-50 €). Solo tiene sentido si llegáis muy tarde con mucho equipaje y vais en grupo.
Una vez en la ciudad, moverse es muy fácil. Copenhague cuenta con metro, autobús, tren de cercanías (S-tog) y una red de carriles bici que es la envidia de cualquier ciudad europea.
Copenhague no es una ciudad que se agote en un día. Tiene barrios con personalidad propia, monumentos icónicos y rincones que no aparecen en las guías de papel. Antes de meternos en cada lugar, te dejamos un pase visual de los que para nosotros fueron los imprescindibles de Copenhague en 4 días — pasa el ratón por encima del carrusel para parar el giro.








El canal de Nyhavn es la postal más reconocible de Copenhague, y con razón. Las fachadas de colores brillantes, los veleros históricos amarrados y las terrazas animadas lo convierten en un lugar magnético a cualquier hora del día.
El mejor momento para visitarlo es por la mañana temprano, antes de que lleguen los grupos organizados, o al atardecer cuando la luz lo baña de naranja. Hans Christian Andersen vivió en tres casas diferentes de este canal — puedes buscar las placas conmemorativas mientras paseas.
Hay que hablar claro: La Sirenita (Den Lille Havfrue) es pequeña. Muy pequeña. La escultura de bronce inspirada en el cuento de Hans Christian Andersen mide apenas 1,25 metros y está sentada sobre una roca junto al agua en el puerto.
Muchos viajeros llegan esperando algo monumental y se llevan una sorpresa. ¿Merece la pena verla? Sí, porque forma parte del alma de la ciudad y el paseo hasta llegar es bonito. Pero gestiona las expectativas y no la conviertas en el centro de tu día.
El Palacio de Amalienborg es la residencia oficial de la familia real danesa y uno de los conjuntos arquitectónicos más elegantes de la ciudad. Está formado por cuatro palacios idénticos dispuestos alrededor de una plaza octogonal con una estatua ecuestre en el centro.
Si tienes suerte con el horario, podrás ver el cambio de guardia a mediodía cuando la familia real está en residencia. Los soldados de la Livgarden marchan desde el Palacio de Rosenborg hasta Amalienborg en un recorrido que ya es un espectáculo en sí mismo.
El Palacio de Christiansborg es el único edificio del mundo que alberga a la vez los tres poderes del Estado: el Parlamento danés (Folketing), el Tribunal Supremo y las oficinas del Primer Ministro. Además, tiene salas de representación de la familia real abiertas al público.
Las torres del palacio ofrecen una de las mejores vistas panorámicas de Copenhague y la subida es gratuita. Está situado en la isla de Slotsholmen, en el corazón histórico de la ciudad, rodeado de canales.
El Castillo de Rosenborg (Rosenborg Slot) es uno de los palacios más bonitos de Copenhague y guarda los tesoros de la corona danesa, incluidas las joyas reales. Fue construido en el siglo XVII como residencia de verano del rey Cristián IV y hoy es uno de los museos más visitados del país.
Está rodeado por los Jardines del Rey (Kongens Have), el parque público más antiguo de Dinamarca y el favorito de los locales para hacer un picnic. Si el tiempo acompaña, es el plan perfecto para una mañana tranquila.
Strøget es la calle peatonal más larga de Europa — se extiende casi 2 km desde la Plaza del Ayuntamiento (Rådhuspladsen) hasta Kongens Nytorv. A lo largo del recorrido encontrarás desde tiendas de lujo hasta cadenas internacionales, pasando por cafés, artistas callejeros y plazas tan animadas como Gammeltorv y Nytorv.
Es el eje vertebrador del centro histórico y termináis pasando por ella sí o sí.
El parque de atracciones de Tivoli no es un parque cualquiera. Inaugurado en 1843, es uno de los parques de atracciones más antiguos del mundo y una institución cultural en Dinamarca. Walt Disney visitó Tivoli antes de construir Disneyland y se inspiró en él.
Tiene atracciones para todos los gustos, jardines espectaculares, restaurantes y una atmósfera mágica especialmente de noche cuando se ilumina. La entrada ronda los 150 DKK (unos 20 €) y las atracciones se pagan aparte. Aunque parece un plan de niños, los adultos también disfrutan mucho.
La Iglesia de Nuestro Salvador (Vor Frelsers Kirke) destaca en el horizonte de Copenhague por su torre barroca con una escalera exterior en espiral que rodea el chapitel. Subir los 400 escalones hasta los 90 metros te da una de las mejores vistas de la ciudad y, en días despejados, hasta la costa sueca.
Justo al lado está Christiania, uno de los barrios más peculiares de Europa. Fundada en 1971 por hippies que ocuparon una antigua base militar, se autodenomina «ciudad libre» y funciona con sus propias normas. Pasear por sus callejuelas llenas de murales es una experiencia única. Foto prohibida en Pusher Street.
Una de las ventajas de tener Copenhague como base es que en un radio de una o dos horas tienes destinos que merecen perfectamente una jornada completa. Nosotros hicimos dos excursiones que te recomendamos sin dudarlo.
Esta es una de las excursiones más especiales que puedes hacer desde Copenhague: en el mismo día cruzas el puente de Øresund (¡sí, el de la serie!) y visitas dos ciudades suecas completamente distintas entre sí. Nosotros dedicamos la mañana a Lund y la tarde a Malmö, y fue una combinación perfecta.
Mañana en Lund: Lund es una ciudad universitaria pequeña y con un encanto enorme. La Catedral de Lund (Lunds domkyrka) es uno de los templos románicos mejor conservados de Escandinavia. El ambiente tranquilo, las calles empedradas y la energía de ciudad universitaria la hacen una parada muy agradable antes de la vorágine de Malmö.
Tarde en Malmö: Malmö tiene un carácter muy distinto — más urbana, multicultural y con una arquitectura que mezcla lo histórico con lo ultramoderno. No te pierdas Lilla Torg, la plaza más bonita de la ciudad, ni el Turning Torso, el rascacielos más alto de Escandinavia: 190 metros y un giro de 90 grados sobre sí mismo diseñado para que el viento, muy fuerte en la zona, gire alrededor del edificio y reduzca el empuje sobre la estructura. Pura ingeniería contra el viento del Sund.
El tren desde la Estación Central de Copenhague (København H) tarda apenas 35-40 minutos hasta Malmö y pasa por el espectacular puente de Øresund. Lund está 15 minutos más al sur desde Malmö en el mismo tren de cercanías.
Roskilde es una de esas ciudades que te sorprenden por lo mucho que esconden en tan poco espacio. A tan solo 30 minutos en tren desde Copenhague, es una excursión perfecta para una mañana. Nosotros fuimos el domingo por la mañana antes del partido y volvimos con tiempo de sobra.
Catedral de Roskilde: declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es la necrópolis oficial de los reyes daneses desde el siglo XV. Alberga los sepulcros de más de 40 monarcas y su arquitectura gótica de ladrillo es única en Escandinavia.
Museo de Barcos Vikingos (Vikingeskibsmuseet): este es el plato fuerte. El museo conserva cinco barcos vikingos originales del siglo XI recuperados del fiordo, junto con réplicas navegables construidas con técnicas medievales. Uno de los museos más fascinantes de Dinamarca.
Si tienes más días o quieres alargar el viaje, en los alrededores de Copenhague hay otros destinos que merecen una visita. El Castillo de Frederiksborg, en Hillerød, es uno de los más espectaculares del país en términos arquitectónicos, y el Castillo de Kronborg, en Helsingør, es el escenario real del Hamlet de Shakespeare. Ambos se alcanzan en tren en menos de una hora desde Copenhague.
Si viajáis a Copenhague y tenéis la suerte de que el FC København juega en casa, no lo dudéis: id al partido. Es uno de esos planes que se salen del circuito turístico habitual y que recordaréis mucho más que una visita a un museo más.
Nosotros vimos al FC København frente al Silkeborg IF en la Superliga danesa y se llevaron una victoria contundente: 7-0. El partido fue un domingo por la tarde y el ambiente en el Parken Stadium fue muy bueno — apasionado pero familiar, sin la tensión que a veces se vive en estadios españoles o ingleses.
Lo que más nos sorprendió, sinceramente, fue lo que bebían los aficionados en la grada: cervezas de medio litro circulando con total normalidad, ambiente de quedada con amigos más que de batalla campal. Una forma de vivir el fútbol muy distinta a la que estamos acostumbrados con la Liga española o la Premier inglesa.
El Parken Stadium es el estadio nacional de Dinamarca y el campo del FC København. Tiene capacidad para unos 38.000 espectadores y está muy bien comunicado en metro (estación Østerport). Las entradas se compran fácilmente en la web oficial del club.
El FC København (FCK) es el club más laureado de Dinamarca, con más de 15 títulos de liga y presencia habitual en competiciones europeas. Combina muy bien con una tarde-noche de Copenhague — antes o después hay buenos bares y restaurantes en el barrio de Østerbro.
Copenhague es una de las ciudades más caras de Europa para comer. Pero eso no significa que tengas que resignarte a bocadillos o vivir con el corazón en un puño mirando la carta. Con un poco de estrategia, comes muy bien sin que el presupuesto explote. Te contamos lo que probamos y lo que recomendamos.
Reffen: el mercado de street food más grande de Copenhague. Situado en el antiguo astillero de Refshaleøen, junto al mar, reúne decenas de puestos con cocinas de todo el mundo a precios muy razonables para lo que es la ciudad. El ambiente es genial, especialmente en verano. Plan perfecto para una comida informal y variada.
Torvehallerne: el mercado cubierto más bonito de Copenhague, junto a la estación de Nørreport. Dos pabellones llenos de puestos de queso, fruta, especias, café, smørrebrød y gastronomía danesa de calidad. Ideal para un desayuno, un almuerzo o picar algo mientras paseas. Precios medios-altos, pero la calidad está a la altura.
El smørrebrød es el sandwich abierto danés por antonomasia: una rebanada de pan de centeno oscuro (rugbrød) cubierta con infinitas combinaciones de ingredientes — arenque marinado, roast beef, gambas, huevo, queso. Es barato, contundente y delicioso.
Nosotros lo probamos en Hereford Village, donde además pedímos un salmón a la brasa que merece tanto la pena como el propio smørrebrød. Si solo pruebas una cosa de cocina danesa en todo el viaje, que sea esto.
Para cenar bien sin pagar precios de restaurante con estrella Michelin (que en Copenhague hay muchos), busca en los barrios de Vesterbro y Nørrebro. La relación calidad-precio es mucho mejor que en el centro histórico.
Una recomendación nuestra que sale del tópico danés: el Ristorante Italiano. Sí, italiano en Copenhague — puede sonar raro, pero las pizzas y la lasaña están muy ricas y los precios son razonables para lo que cuesta cualquier cosa en la ciudad. Para una noche en la que el cuerpo te pide algo familiar tras tres días de smørrebrød, funciona perfectamente.
No subestimes el poder del supermercado danés. Netto, Rema 1000 e Irma tienen una selección excelente de productos locales a precios muy contenidos. Un buen queso danés, pan de centeno, algo de charcutería y una cerveza local para comer en los Jardines del Rey o junto al canal es una experiencia auténtica — y sale por mucho menos que cualquier restaurante.
La ubicación importa mucho en Copenhague, no solo por proximidad a los sitios, sino por el ambiente del barrio. Estos son los tres grandes barrios donde plantearse alojarse — y nuestra experiencia personal con el hotel.
Es la zona más céntrica y turística. Tiene todos los grandes iconos a pie: Nyhavn, Strøget, Christiansborg, Tivoli. La comodidad es máxima, pero los precios del alojamiento también. Ideal si priorizas no depender del transporte.
El barrio más de moda de Copenhague. Hace quince años era una zona industrial y de mala reputación; hoy es el epicentro de la cultura alternativa, los cafés de specialty coffee, los restaurantes de cocina del mundo y los bares de vinos naturales. Bien comunicado con el centro y con precios algo más contenidos. Muy recomendable.
El barrio más multicultural y auténtico de la ciudad. Menos turístico, más local, con una energía muy especial. La calle Jægersborggade es de las más bonitas y animadas de Copenhague. Perfecto si quieres alejarte del circuito turístico y vivir la ciudad como un local. Un poco más lejos del centro pero bien conectado en metro.
Sí, Copenhague es cara. Pero con planificación se puede disfrutar sin que sea un drama económico. Esta es nuestra referencia orientativa por persona y día, basada en lo que gastamos nosotros:
La Copenhagen Card (desde 599 DKK / unos 80 € por 72 h) incluye transporte ilimitado y entrada a más de 80 atracciones. Si planeas visitar varios museos de pago, haz los cálculos antes de comprarla — a nosotros no nos compensó porque combinamos sitios gratis con paseos en bici, pero según el itinerario puede salir muy rentable.
La respuesta corta: sí, totalmente.
Copenhague es una ciudad que se sale de los tópicos del turismo de masas. No tiene las multitudes de París, la saturación de Roma ni la presión de Ámsterdam. Tiene una escala humana, una calidad de vida palpable en cada esquina y una forma de entender la vida — el famoso hygge danés — que contagia desde el primer día.
Es cara, sí. Pero lo que ofrece justifica la inversión: arquitectura extraordinaria, gastronomía de primer nivel, barrios con carácter propio, excursiones que te llevan a Suecia en tren, partidos de fútbol con ambiente auténtico y una ciudad que combina perfectamente historia y modernidad.
Nosotros volvemos con ganas de repetir. Y eso, con una ciudad, es la mejor señal posible.